IVÁN JOSÉ ROMÁN BUSTO
El pasado viernes dieron comienzo los conciertos del V Ciclo de Música Sacra Maestro de la Roza en la habitual iglesia de San Isidoro. El programa e intérpretes llenaron las expectativas del público asistente, que tuvo que ser acomodado en los triforios al encontrarse las naves de la iglesia ocupadas en su totalidad.
Si el ciclo fundamenta su existencia en el recuerdo al último Maestro de Capilla de la Catedral de Oviedo y en el acercamiento al público del repertorio musical Sacro, la experiencia sonora de este primer concierto ha cumplido con creces sus expectativas. Los coros alemanes de la catedral de Fulda ocupan un lugar privilegiado en la interpretación del repertorio sacro. Lo que les diferencia de otras agrupaciones corales no es su calidad técnica -impecable y llena de expresividad- ni la juventud de sus componentes -de las ochenta voces más de la mitad eran adolescentes- sino la función litúrgica que realizan en su ciudad de origen.
La fundación de esta institución en 1804 hemos de entenderla en el contexto musical sacro europeo. Desde el siglo XIX y hasta la segunda mitad del XX las catedrales e iglesias formaron agrupaciones corales o Scholae Cantorum con la doble función de realizar la liturgia a través de sus voces y educar musicalmente a sus componentes. En nuestro país ejemplo de ello son: la Schola Cantorum de Comillas, ya desaparecida; la Scholanía de Covadonga o la Scholanía de San Salvador fundada por Alfredo de la Roza.
Las obras interpretadas variaron con respecto al programa original, si bien las escogidas fueron una buena muestra del criterio interpretativo de Franz-Peter Huber, director de la agrupación, que al más puro estilo alemán -con gesto delicado y guiando las frases musicales en vez de marcar el compás- supo llenar de expresividad tanto los pasajes corales como los solos que realizaron el bajo F. Rathgeber, el tenor A. A. Badinski y la soprano N. Jung, que destacó por sus cualidades tímbricas.
Del repertorio sacro romántico se interpretó el Salmo 99 Jauchzt derr herrn de F. Mendelssohn (1809-1847) y Locus iste de A. Bruckner (1824-1896), del siglo XX; pudimos escuchar dos versiones del Salmo 129 De profundis del oficio de difuntos, de los franceses Joseph-G. Ropartz (1864-1955) y M. Dupré (1886-1971).
Ovación aparte mereció el organista Peter Schäfer, que fuera de programa realizó una improvisación sobre el tema religioso «Cantemos al Amor de los amores» de Busta Sagastizabal, al más puro estilo barroco. Para ello hizo uso del antiguo órgano de la iglesia de San Isidoro, que pese a estar pendiente de restauración no fue impedimento para que el público reconociese sus cualidades interpretativas.
El Ave Verum de Mozart y el Salve Regina de A. de la Roza pusieron en pie a un público que, entre bravos y aplausos, dieron muestra del éxito del concierto.
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